Encaramos las primeras calles de Cizur Menor y por fin nos deja la lluvia, hoy desde aquí hasta el fin de etapa, nos respetó y permitió que llegásemos seguros a Puente la Reina.
Subimos poco a poco, sin demora y sin dejar de marcar un ritmo acompasado en cada pisada. Cada vez más se inclina la dura pendiente del Perdón y vamos encararándo sus primeras y duras rampas.
Hoy la jornada la hacemos un grupo por delante en que voy con Toni y JJ, los geniales tíos de Tarragona, a poco de distancia, Takuro (Paco, ahora hablaré algo de él) haciendo de enlace entre nosotros y Marcelino (el gallego). Coronamos el Perdón, tras esforzada subida y la alegría por semejante hito nos desborda, nos llena de alegría y hace que nos felicitemos mutuamente.
Como cada día hoy os hablaré de Después bajada en descenso casi vertical hasta Uterga (casi como mi pueblo Utrera). Y aqui la anécdota de la jornada.
Paramos a hacer foto del escudo del Ayuntamiento y se nos acerca un señor que nos dice llamarse Pedro y que es el alcalde de la localidad, hablamos de la situación de crisis que ahora ( bastante tarde) han comenzado a sufrir por esta zona, le hablo de Andalucia, me da su opinión y nos cuenta también que es una zona donde los ciudadanos se han ido poco a poco a Pamplona. En definitiva un rato que nos permite conocer un poco el carácter y el pensamiento de esta gente de esta zona de Navarra, y que nos permite recuperar fuerzas para los últimos 7 kms hasta Puente de la Reina, pasando antes por la histórica Villa de Obano, con sus monumentales casas y su hito de la Cruz junto a la iglesia.
Takuro Hatayama de
Saitama Prefecture Gyoda
Este chico japonés de 22 años y cuya pasión por conocer Europa le ha traído al Camino de Santiago, es un chico realmente sorprendente y que se ha acoplado a nuestro grupo y se siente feliz y procuramos ayudar y tratar casi como a un hijo. Ayer probó. El pacharan, y puedo afirmar que le gustó, así como los pinchos de Pamplona ayer, como las alubias de Tolosa con guindillas navarras hoy.
Bueno aquí tenéis a Takuro, para nosotros Paco, que es así como le hemos bautizado.
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