Buen día y buena etapa la de hoy, con un tiempo magnífico y un recorrido bastante ameno, fácil y, eso si, muy largo en rectas interminables y horizontes donde nuestra vista se perdía, buscando un pueblo al que agarrarnos.
Para aclaración de aquellos que se puedan creer que es este un Camino gastronómico o "del taco", nada más lejos de la realidad. La realidad es que comemos una vez al día y esa lo hacemos juntos, normalmente es un desayuno-almuerzo, pues desayunamos tarde y cuando acabamos la etapa, si hay bares (cosa excepcional) están cerrados o no abren hasta las 7 u 8 de la tarde.
Sobre todo con un primer tramo hasta Reliegos, en el kilómetro 13 de etapa, donde buscamos un café, después de más de dos horas de caminata, bares cerrados como en tantos otros pueblos donde esperábamos encontrar algo abierto y nuestro gozo al pozo, pero ya estamos acostumbrados.
La etapa sigue hasta nuestro final, Mansilla de Mulas, importante y bonita Villa, con recinto amurallado, puente gótico sobre el río Astur y unas construcciones típicas y con mucha historia en sus calles.
Hoy me gustaría resaltar a dos personas que aparecieron ayer en mi Camino.
Uno, Mikel, hospitalero voluntario que nos atendió en el albergue del Burgo y que, con una rebosante amabilidad y una gran modestia, casi nos hizo sentirnos como en casa, es Mikel un Donostiarra de Cestona y de la Real, y muy amante de esa mi segunda tierra, así que confraternicé con él hablando de sus cosas. Por cierto, el albergue estaba en perfectas condiciones y muy cómodo y con donativo como pago de aquel que quisiese, evidentemente todos. Deberían de aprender muchos ayuntamientos del Camino que tienen los albergues municipales como negocios y encima desatendidos por completo, aunque de eso ya hablare otro día.
Y el segundo personaje de hoy, Sergio, joven camarero del Restaurante Piedras Blancas (justo enfrente del albergue). Pues bien este chico que nos atiende en nuestra cena, y al oír nuestros comentarios sobre lo duro de los kilómetros de nuestra etapa en la que no encontraremos nada donde poder tomar un simple café y comentandonos él que ellos no abren hasta las 9, se nos ofrece y nos trae una botella de leche, sobres de Cola Cao, y unas magdalenas, para que las tomemos al salir, pues estaría todo cerrado. Este hecho y la forma tan natural y desinteresada, tratándose de un chico tan joven, me hace sentir bien al saber que todavía y por mucho tiempo, quedarán buenos samaritanos.
Aquí con Sergio
Por fin el tiempo os da un respiro, enhorabuena.
ResponderEliminarLas fotos de los amaneceres son preciosas.
Un fuerte abrazo para ti y tus incansables compañeros de viaje.
La magia de todo camino es que siempre encontramos a personas que merecen la pena.
Afortunadamente la buena gente estan por todas partes.
Suerte.J y P.