Bueno, espero que hayáis visto y disfrutado con estas panorámicas de O Cebreiro y O Poio, casi tanto como yo esta mañana, y es que desde que comencé este Camino, hace más de veinte días en Francia, desde entonces bucaba un paisaje igual que este, que me sorprendiera en su amanecer y me hiciese sentir tan cerca de la belleza y de lo divino. Y hoy recordando la primera vez que disfruté de estas vistas hace ya casi seis meses, hoy puedo decir que, sin lugar a dudas, para mi es el sitio más bello del Camino y uno de los amaneceres que todos en el mundo deberíamos contemplar para disfrutar de su belleza.
Y de la etapa, poco más, me quedo con la belleza del amanecer de sus valles donde el contraste de la nieve y el verde lo tapizaban como una mágica alfombra, y de sus correntías de aguas del deshielo que con su sonido cristalino y acompasado hacían que quedases por momentos parado, disfrutando de tan magno espectáculo.
Y he aquí el motivo del encabezamiento del título del día de ayer, el libro que junto a unos "cómics", sí, eso he dicho, aunque parezca mentira, y algún que otro libro de la escritora y peregrina Kim Hyo Sun, hacen posible que este Camino esté dominado completamente por coreanos de diversos credos religiosos y de diferentes edades y estatus sociales, vayas donde vayas y dejes detrás o delante a unos u otros, aparece otro grupo de tres o cuatro distintos, y son otros y distintos (porque ya he aprendido a distinguirlos, que los primeros días les llamaba a todos "Sim Ming", que fue el primero que se ne presentó). Es un fenómeno este de los coreanos, que de verdad me tiene intrigadísimo y perplejo y más aún porque estos ti@s no le tienen miedo ni a la nieve ni al frío ni a nada. Menos mal que no es el Camino por mi tierra andaluza, que si no estos pasan por medio del "cerrado" de los toros y alguno que otro hasta es capaz de darle dos medias verónicas.
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